Entradas

El caballo cartujano en la Cartuja de la Defensión. Jerez de la Frontera.

Imagen

Todo se me evapora (Fernando Pessoa)

Imagen
Somos, por poco que lo queramos, siervos del tiempo y de sus colores y formas, súbditos del cielo y de la tierra. Aquel de nosotros que más se embreñe en sí mismo, despreciando lo que le rodea, ese mismo no se embreña por los mismos caminos cuando llueve que cuando el cielo está sereno. Oscuras transmutaciones, sentidas tal vez sólo en lo íntimo de los sentimientos abstractos, se producen porque llueve o porque ha dejado de llover, se sienten sin que se sientan porque, sin sentir, se ha sentido al tiempo. Cada uno de nosotros es varios, es muchos, es una prolijidad de sí mismos. Por eso, aquel que desprecia al ambiente no es el mismo que por él se alegra o padece. En la vasta colonia de nuestro ser hay gente de muchas especies, pensando y sintiendo de manera diferente. En este mismo momento, en que escribo, en un intervalo legítimo del hoy escaso trabajo, estas pocas palabras de impresión, soy yo quien las escribe atentamente, soy yo el que está contento de no tener que trabajar en es…

IX y X Jornadas de Canto Gregoriano: Antiphonarium de sanctis. De nuevo con los mozárabes (descargar el libro en PDF).

Imagen
IX y X Jornadas de Canto Gregoriano: Antiphonarium de sanctis. De nuevo con los mozárabes (2006), IFC.
Un monje coloca un antifonario en el facistol y busca las antífonas para cantar al santo cuyo natalis dies, día de su nacimiento para el cielo, el de su muerte, se celebra. En el principio fue la piedra. Bloques perfectamente conseguidos, que expresaban lo grandioso, lo insondable, lo imperecedero de Dios, a cuyo honor se alzaban. Piedras que daban seguridad a los fieles que se acogían al monasterio como signo de su dependencia de Dios. Les daba seguridad, esperanza, fortaleza. Los largos muros pétreos que evitaban el viento al socaire de los vaivenes humanos; piedra que cerraba con seguridad y eficacia en las bóvedas el arco de la oración de los humanos; levitadas piedras que construían el velo del empíreo en voladas techumbres de los ábsides; arcos de la techumbre que recordaban los ejércitos angélicos en repetida alabanza. Era la voz de la piedra. El canto de la piedra. La cateques…